Habilidades de contacto en familias con menores con Necesidades Educativas Especiales: una mirada desde la Gestalt

Vivenciar las habilidades de contacto es imprescindible para sostener relaciones paterno-filiales sanas y nutritivas tal y como señala Guadalupe Amescua. Muchas veces reproducimos con nuestros hijos las formas de comunicación y de vínculo que aprendimos cuando fuimos hijos. No se trata de juzgar esas experiencias, sino de tomar conciencia de ellas: según el nivel de presencia, respeto y disponibilidad emocional, estos vínculos pueden ser satisfactorios… o, por el contrario, carentes y dañinos.

Vivimos en una sociedad que ha cambiado el fuego lento por el microondas. Esta prisa constante se nota, por ejemplo, en algo tan esencial como detenerse a escuchar y a mirar. A veces ni siquiera regalamos la mirada: un dispositivo electrónico se interpone antes que la posibilidad de estar presentes en esa conversación breve, cotidiana y profundamente significativa que nos ofrecen nuestros hijos e hijas aquí y ahora.

Esta dificultad en el contacto se intensifica cuando los hijos presentan Necesidades Educativas Especiales, como Trastorno del Espectro Autista (TEA), Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH), Discapacidad Intelectual o diversas dificultades de aprendizaje.

A ello se suma el proceso emocional que viven madres y padres al tener que aceptar una realidad que no esperaban. Todo ocurre con una premura estresante: hay que actuar, hay que intervenir, hay que ayudar ya. Muchas familias sienten que, en este momento, lo importante no son ellos como personas, sino su hijo y su desarrollo. El mensaje social y del sistema es claro: el tiempo es ahora.

Así, entramos en una dinámica de escolarización obligatoria, tratamientos psicopedagógicos, terapias sensoriales, apoyos externos… todo con la mejor intención. Sin embargo, en este camino, a veces se pierde algo fundamental: el espacio para ser familia.

Nos encontramos entonces con hogares sin pausas. Madres y padres convertidos en “taxistas terapéuticos”, siempre en movimiento, siempre resolviendo. Pero ¿qué ocurre cuando hay una parada? Muchas veces no sabemos cómo interactuar sin una agenda de objetivos. No contamos con herramientas para acompañar emocionalmente a nuestros hijos en sus dificultades, y en ocasiones incluso los propios hermanos se sienten extraños entre sí.

Desde la Gestalt, el foco está en el contacto auténtico: en el encuentro real entre personas, en el darse cuenta de lo que ocurre en la relación, en el estar con el otro y no solo hacer para el otro. Por eso es tan importante acompañar a las familias a conectar, no solo a intervenir.

Sí, la intervención con los menores es importante. El trabajo sistemático y constante es necesario cuando existen Necesidades Educativas Especiales. Pero también es imprescindible crear espacios donde no haya exigencias terapéuticas, sino presencia, vínculo y encuentro. Espacios donde se pueda simplemente estar juntos.

Preguntarnos como familias:

  • ¿Realmente escuchamos a nuestros hijos?
  • ¿Cómo disfrutamos con ellos?
  • ¿Cómo resolvemos los conflictos?
  • ¿Desde dónde surge esa lucha de poder cuando algo no va bien?

Una vía privilegiada para generar contacto es la terapia de juego. Jugar permite encontrarse desde la espontaneidad y la experiencia compartida. Juegos de mesa, juguetes, cajas de arena, dinámicas de movimiento y baile, juegos grupales o actividades basadas en los intereses del menor: todo es una oportunidad para aprender a contactar, a regularse juntos y a construir vínculo entre padres, hijos y hermanos.

Las experiencias que se generan en el espacio terapéutico son semillas que, con el tiempo, germinan en la vida cotidiana del hogar. No se trata de replicar técnicas, sino de recuperar algo esencial: la capacidad de encuentro.

Y, en realidad, no hacen falta juegos ni materiales específicos.

Basta con algo mucho más simple y poderoso: la intención genuina de compartir, disfrutar y estar presentes juntos.

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