Últimamente me encuentro en el acompañamiento de personas que sienten que han perdido el sentido y el propósito de vida. En nuestros caminos, la vida nos recuerda que tiene sus propios planes. Se nos inculcan una serie de valores, etapas vitales, proyectos que se deberían alcanzar acordes a la edad sin tener en cuenta que la vida lleva su propio camino.
Vivimos en una sociedad marcada por la inmediatez, la hiperproductividad, la conectividad permanente, pero también por una profunda sensación de vacío, desconexión y pérdida de sentido vital. En los momentos en los que nos encontramos con más oportunidades, más conocimiento y mayor aprendizaje. Nos sentimos más perdidos y más desconectados, tanto de nosotros mismos como de los demás.
Los “tengo que”, “debería de”, tanta conexión con lo de fuera mediante una pantalla, las exigencias de nuestra vida personal, laboral y social, hace que nos perdamos en una profunda sensación de vacío emocional. Tenemos claro lo que “tengo que” hacer, que metas “debería” alcanzar, los retos que me “debería” cumplir en mi momento vital, los sitios que “debo” visitar, lo que “tengo que” hacer para aspirar a más en el trabajo, los requisitos que “tengo que” tener para ser esa mejor versión de mi mismo, creando una figura rígida y encapsulada de nosotros. No sabemos quiénes somos, ni qué queremos hacer sin esa exigencia propia y de la sociedad, no sabemos cuál es nuestra esencia.
Tenemos claro todo lo que nos queda pendiente y todo lo que nos falta, lo que deberíamos hacer mejor. Dejamos de lado lo que sí que hemos logrado, el camino llevado a cabo, lo construido, lo vivido y lo sentido. Incluso a veces no dejamos espacio para la integración de la experiencia de aquello que sí que hemos conquistado.
¿Vives y sientes cada paso del camino?
Parece que tenemos claro a dónde “deberíamos” llegar y el fin último, perdiendo la consciencia del presente, del aquí y el ahora. Estamos tan centrados en la meta última que perdemos el sentido de estar en el camino. En ese camino, existen las cosas que merecen la pena, como esas miradas de quienes nos acompañan, los regalos que nos hace la vida, el sentir sol después de la tormenta, el sonido de pasos al caminar, la flor que crece cada día un poquito más, la caricia de tu perro, la risa espontánea, el café de la mañana, el abrazo desde el corazón, la canción que suena en radio que te traslada a otro momento significativo. Esas pequeñas cosas que nos hacen conectar con el amor, la gratitud y la calma. Con lo vivido y lo disfrutado. Pequeños momentos alejados del ruido mental de los introyectos que nos hemos ido alimentando desde pequeños.
Esos momentos se dan en los momentos de incertidumbre. No suelen estar planeados, pensados, elaborados y organizados.
Esos momentos surgen y se viven.
Muchas personas repelen esta incertidumbre, les causa ansiedad, inseguridad, angustia, pérdida de control y miedo. Sentimos que si soltamos todo se va a caer y perder. Seguramente de un mensaje que nos viene es que TODO depende de ti.
“Si te esfuerzas, lo conseguirás”
“Lograrlo depende de ti”
“Si lo sueñas, lo harás”
“Fíjate en tu objetivo y trabaja duro”
La mayor mentira que nos han dicho para que sigamos en la rueda del hámster que se mueve sin parar, teniendo como consecuencia la no toma contacto con lo esencial y lo genuino. Perdiendo el sentido y el propósito de vida. Y una cosita, cariño, solo tenemos una, sé consciente.
Tenemos suficientemente claro a dónde “tenemos” que llegar. Y mis preguntas son:
- ¿Dónde quieres estar?
- ¿Qué te conecta con la vitalidad?
- ¿Qué te hace sentir que estás en el mejor momento?
- ¿Con quién quieres estar?¿Rodeado de qué personitas quieres estar?.
Y ahí es donde se encuentra la magia y la belleza de incertidumbre. Ese espacio donde se encuentran todas las posibilidades y oportunidades. Ese lugar que si logras sostener desde la certeza, serenidad y confianza da lugar a que la vida ponga a tu disposición lo que necesitas atender.
Sí, la vida tiene sus propios planes. Estar en la lucha reiterada y confrontativa solo hará que sintamos mayor sufrimiento, frustración y enfado. Me gusta poder atender la diferencia entre resignación y aceptación, que viene dado por la actitud pasiva o activa que tomamos ante lo que nos sucede.
No digo que soltemos todo y que saltemos al vacío sin arnés para sentir la vida al límite, ya que seguramente el golpetazo será fuerte. Te hablo de las pequeñas cosas que podemos hacer en nuestro día a día para poder conectar con esta parte mágica de la vida. Pequeños momentos que crean una realidad y hacen que se cultiven y crezcan las oportunidades más auténticas.
Momentos para pasear y encontrarte con el atardecer. Espacios nuevos donde poder descubrirte y disfrutar (deporte, pintura, baile, teatro, cerámica…) y también para conectar con personas nuevas y recursos novedosos. Tener conversaciones que se vuelven calma en la tormenta. Ese viaje en el que te sorprendes. Ese día donde escuchas una canción que te evoca recuerdos y te recreas en ellos.
Estas exigencias han hecho sombra a chispa de la vida. Las preguntas son:
- ¿Qué siento?
- ¿Qué necesito?
- ¿Qué me apetece?
- ¿Quién soy?
- ¿Qué te gustaría ser, sentir o vivir?
- ¿Qué me gustaría aprender o experimentar?
Estas preguntas, unido a reservar espacios para la incertidumbre, el juego, la quietud son aspectos claves para estar conectado contigo mismo y no caer en el vacío existencial.
Tómate un momento de quietud y de calma en el corre corre de la vida. Reserva espacios para poder admirar la belleza de la incertidumbre y ver que regalos se encuentran.
- Para conectar contigo. ¿Cómo estás?, ¿Qué necesitas para estar más en contacto contigo y con los demás?
- Para hacer actividades en la naturaleza y enraizarte.
- Día sin pantallas para conectarnos con nosotros mismos y con los demás
- Días para la incertidumbre, para fluir atendiendo lo que necesitas.
- Espacios para la introspección, mirar dentro de ti sobre estas inquietudes que te gustaría experimentar.
- Espacios para elaborar proyectos y caminos de vida como mapas moldeables y dinámicos.
- Espacios con personas que te nutran, que despierten en ti inquietudes para profundizar.
- Incorporar la gratitud y la amabilidad.
- Enlentecer la vida, los momentos y las experiencias.
- Mirada curiosa, libre de juicio.
- Espacios para el aburrimiento y quietud, para que surja la creatividad.
- Poder conectarte con tu niño/a interior. En ellos está la respuesta.
Me encanta poder ver cómo viven y se experimentan los niños/as, quienes desde su flexibilidad, curiosidad y apertura viven desde la naturalidad. Ellos viven en su día a día, dejándose sentir, disfrutando de los momentos con las personas que quieren y jugando, dejándose cuidar y buscando momentos de intimidad con las personas amadas.
Volvamos a recuperar esta esencia para poder sentir que aunque ese vacío que nos incomoda, existe también un vacío fértil lleno de posibilidades y oportunidades que experimentar y vivir.
Ahí reside la belleza y la magia de la incertidumbre.



